Las metáforas del yoga

La infinita riqueza de la práctica del yoga no reside solo en la numerosa cantidad de asanas y en los beneficios que se desprenden de cada una de ellas, sino también en el poder simbólico que representa su ejecución consciente. Igual que una metáfora cada asana es una realidad que tiene la capacidad de apuntar a otra realidad distinta a ella.

Los niños y los místicos de todas las épocas se han servido de la semejanza. Los primeros, para asimilar el mundo y prepararse poco a poco para una vida independiente. Los segundos, para describir el momento inefable de su unión con Dios. De la misma manera, tu práctica de yoga acerca tu comprensión a un territorio inexplorado. La inteligencia que emerge pacientemente del cuerpo abre los ojos de tu entendimiento y hace posible que te conozcas en profundidad para superar las viejas ataduras.

Así lo explica Kino MacGregor: «Las posturas de yoga te ofrecen la oportunidad de acceder al espíritu a través de lo físico. Este proceso de despertar interior permite que los practicantes comprometidos atraviesen las diversas capas de su ser. Cada postura física representa una oportunidad para curar el cuerpo y entrenar la mente; a través de la práctica, los yoguis desarrollan una forma más armoniosa de vivir, actuar y ser.»

Cuando ejecutas por ejemplo vrksasana, la postura del árbol, extiendes tu percepción más allá de los límites a que te tiene acostumbrado tu anatomía humana. La necesidad de elevarte sobre una base cimentada y firme hace que tu único pie sobre el suelo busque la profundidad de la tierra, fundiéndose con nuestra madre primordial exactamente igual que las raíces de un árbol. Mientras que tu torso, tus brazos y manos, y hasta tu mirada se disparan hacia el cielo sin límites de donde proviene el alimento solar. ¿Qué eres entonces sino la bendecida unión entre ambos elementos origen de la vida?

Y en ardha baddha paschimottanasana, la flexión hacia delante en medio loto atado, donde se da al mismo tiempo apertura de caderas, compresión de los órganos abdominales, elongación de la columna vertebral y estiramiento de los tendones de las corvas y de los hombros, ¿no es cierto que estás superando el obstáculo de tu propio talón y tu pie para alcanzar con tu pecho la mayor extensión y avanzar hacia delante con la mirada? ¿Y no contiene ese asana una impagable lección sobre tu maravillosa capacidad para superar las trabas y crecer con perseverancia hacia el objetivo que a tu sagrado ser le corresponde?

En todas y cada una de las posturas de yoga hay un silencioso viaje hacia el entendimiento que se dibuja en forma de árbol, en forma de barco, en forma de puente o de rueda. Son todo metáforas que amplían nuestro tu campo de autoconocimiento, que apuntan como flechas doradas hacia el umbral de la iluminación, que no es otra cosa que un espacio donde la paz y la dicha encuentran un asiento duradero.

¡Buena práctica!