El baño sagrado

Cuando te concedes el regalo del yoga, te sumerges en un río de salud que refresca por igual tu cuerpo y tu mente. Tus movimientos, delicados y conscientes, son los peldaños que descienden hasta sus aguas. Lo sepas o no, también estás devolviendo su luz original a tu espíritu, que se manifiesta ahora con alegría, empatía y compasión completamente espontáneas y naturales. Las aguas del yoga barren las impurezas que se acumulan cada día sin que te des cuenta. Pero estás aquí y vuelves a brillar, eso es lo único importante.

Citando una antigua colección de fábulas en sánscrito, Juan Mascaró escribió en 1960: «El espíritu en ti es como un río. Su lugar de baño sagrado es la contemplación; sus aguas son la verdad; sus orillas son la santidad; sus olas son el amor. Ve a ese río en busca de la purificación: tu alma no puede purificarse mediante las simples aguas».

Mascaró amaba profundamente la tradición yóguica y dedicó su vida a divulgar las joyas del pensamiento de la India. Cada una de sus trabajos destilan erudición y enamoramiento a partes iguales, porque siempre se acercó con respeto y devoción a los textos y a las personas que los mantenían vivos.

Muchos años después Mary Oliver publicaría el volumen «A Thousand Mornings» (2012), donde también un río y una ciudad confluyen en ese tipo de memoria que compete al corazón. El poema se titula “Varanasi”:

BENARÉS

«A primera hora de la mañana bajamos la escalinata

Donde las fogatas aún palpitaban

Y contemplamos, con nuestras mentes occidentales, el Ganges.

Una mujer estaba sumergida en el río hasta la cintura,

Cogiendo agua con las manos y derramándola

Lentamente, una y otra vez, sobre su propio cuerpo

Como si persiguiera un instante

De íntima conexión entre la vida del río y la suya propia.

Después, sumergió en el agua un cántaro que llevaba consigo

Y cargó de vuelta con él escalinatas arriba,

Sin duda para rociarla sobre algún santuario cercano a su casa,

Porque esta es la sagrada ciudad de Shiva, el hacedor

del mundo, y este es su río.

No tengo más que decir, salvo que todo ocurrió

En silencio y con absoluta sencillez, y envuelto en algo  semejante

Al regalo de lo auténtico, a la dicha de un vida

Que trascurría con esa misma autenticidad.

Debo recordarlo, pensé, mientras volábamos de vuelta

A América.

Ruego a Dios que me ayude a recordarlo siempre.»

Mary Oliver, en la antología «Devotions» (2017)

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