El regalo de la simplicidad

Se dice que la inocencia es uno de los atributos de la sabiduría de los niños. Tocados por el don de no saber están preparados para vivir plenamente cada día, cada hora y cada lugar que el destino les coloca delante. Así experimentan una relación tan intensa con los animales, con la naturaleza y con el curso de los días como la que sienten los místicos y los pueblos indígenas, en quienes palpita el milagro de la Vida con su ritmo primordial.
 
En el centro de Italia vivió en la Edad Media uno de aquellos místicos, alguien que practicó la inocencia a lo largo de toda su vida y desnudó así los corazones de cuantos lo conocieron por la simplicidad y la coherencia de sus palabras. Las respuestas que tantas veces buscamos en iluminados y sabios contemporáneos se encuentran a menudo en libritos como las Florecillas de San Francisco y en pequeñas perlas de «años oscuros» como la Edad Media.
 
La alegría perfecta, la paciencia amorosa y una humildad casi solemne guiaron al «pobrecillo» de Asís y a sus valientes compañeros en su labor de simplificar el mundo a base de bondad. Un día de invierno, caminando bajo el temporal, San Francisco le dice a uno de ellos: «Escribe, hermano León, que por encima de todas las gracias y todos los dones está el de vencerse a sí mismo, porque de las otras virtudes que Dios nos hace entrega al nacer no podemos gloriarnos, porque no son nuestras».
 

Yoga, infancia y simplicidad
 
La inocencia que guía los juegos infantiles y la simplicidad están del mismo modo presentes en la práctica del yoga. Cada día trae sus descubrimientos, sus retos y sus regalos si te subes a la esterilla con la actitud abierta y la sonrisa en los labios de un niño dispuesto a experimentar un nuevo juego. Lejos de toda tensión y comparación puedes disfrutar relajadamente de la experiencia abriéndose paso a través de tu mundo sensitivo y emocional. Tan simple como un juego pero a la vez igual de trascendente para tu salud física y claridad mental.
 
Donna Farhi lo describe así: «Empezamos por reservar un poco de tiempo cada día para frenar deliberadamente toda actividad, encontrando así un ritmo más natural que favorezca nuestro bienestar; ese nuevo ritmo más relajado nos permite reflexionar en vez de reaccionar, aflojar en vez de endurecer, ver con claridad cómo están ahora las cosas en vez de indagar en el pasado o preocuparnos infructuosamente por el futuro. Practicando yoga este tipo de cosas las obtenemos por medios simples».
 
Volver a la inocencia a través de la simplicidad puede ser además un buen camino para que los adultos demuestren a los niños de hoy que se encuentren desorientados que pueden mantener la atención en un único lugar durante el tiempo suficiente. De manera que ellos tengan también la oportunidad de disfrutar de la infancia con la profundidad y con los regalos espontáneos con que la conocimos nosotros.

Para reservar tus clases de marzo o modificar tus horarios puedes contactar conmigo aquí. ¡Gracias!
 
Una clase a la semana: 40 eur/mes
Dos clases a la semana: 65 eur/mes

Con todo cariño,
 
Pedro