El regalo de la simplicidad

Se dice que la inocencia es uno de los atributos de la sabiduría de los niños. Tocados por el don de no saber están preparados para vivir plenamente cada día, cada hora y cada lugar que el destino les coloca delante. Así experimentan una relación tan intensa con los animales, con la naturaleza y con el curso de los días como la que sienten los místicos y los pueblos indígenas, en quienes palpita el milagro de la Vida con su ritmo primordial.
 
En el centro de Italia vivió en la Edad Media uno de aquellos místicos, alguien que practicó la inocencia a lo largo de toda su vida y desnudó así los corazones de cuantos lo conocieron por la simplicidad y la coherencia de sus palabras. Las respuestas que tantas veces buscamos en iluminados y sabios contemporáneos se encuentran a menudo en libritos como las Florecillas de San Francisco y en pequeñas perlas de «años oscuros» como la Edad Media.
 
La alegría perfecta, la paciencia amorosa y una humildad casi solemne guiaron al «pobrecillo» de Asís y a sus valientes compañeros en su labor de simplificar el mundo a base de bondad. Un día de invierno, caminando bajo el temporal, San Francisco le dice a uno de ellos: «Escribe, hermano León, que por encima de todas las gracias y todos los dones está el de vencerse a sí mismo, porque de las otras virtudes que Dios nos hace entrega al nacer no podemos gloriarnos, porque no son nuestras».
 

Yoga, infancia y simplicidad
 
La inocencia que guía los juegos infantiles y la simplicidad están del mismo modo presentes en la práctica del yoga. Cada día trae sus descubrimientos, sus retos y sus regalos si te subes a la esterilla con la actitud abierta y la sonrisa en los labios de un niño dispuesto a experimentar un nuevo juego. Lejos de toda tensión y comparación puedes disfrutar relajadamente de la experiencia abriéndose paso a través de tu mundo sensitivo y emocional. Tan simple como un juego pero a la vez igual de trascendente para tu salud física y claridad mental.
 
Donna Farhi lo describe así: «Empezamos por reservar un poco de tiempo cada día para frenar deliberadamente toda actividad, encontrando así un ritmo más natural que favorezca nuestro bienestar; ese nuevo ritmo más relajado nos permite reflexionar en vez de reaccionar, aflojar en vez de endurecer, ver con claridad cómo están ahora las cosas en vez de indagar en el pasado o preocuparnos infructuosamente por el futuro. Practicando yoga este tipo de cosas las obtenemos por medios simples».
 
Volver a la inocencia a través de la simplicidad puede ser además un buen camino para que los adultos demuestren a los niños de hoy que se encuentren desorientados que pueden mantener la atención en un único lugar durante el tiempo suficiente. De manera que ellos tengan también la oportunidad de disfrutar de la infancia con la profundidad y con los regalos espontáneos con que la conocimos nosotros.

Para reservar tus clases de marzo o modificar tus horarios puedes contactar conmigo aquí. ¡Gracias!
 
Una clase a la semana: 40 eur/mes
Dos clases a la semana: 65 eur/mes

Con todo cariño,
 
Pedro


El baño sagrado

Cuando te concedes el regalo del yoga, te sumerges en un río de salud que refresca por igual tu cuerpo y tu mente. Tus movimientos, delicados y conscientes, son los peldaños que descienden hasta sus aguas. Lo sepas o no, también estás devolviendo su luz original a tu espíritu, que se manifiesta ahora con alegría, empatía y compasión completamente espontáneas y naturales. Las aguas del yoga barren las impurezas que se acumulan cada día sin que te des cuenta. Pero estás aquí y vuelves a brillar, eso es lo único importante.

Citando una antigua colección de fábulas en sánscrito, Juan Mascaró escribió en 1960: «El espíritu en ti es como un río. Su lugar de baño sagrado es la contemplación; sus aguas son la verdad; sus orillas son la santidad; sus olas son el amor. Ve a ese río en busca de la purificación: tu alma no puede purificarse mediante las simples aguas».

Mascaró amaba profundamente la tradición yóguica y dedicó su vida a divulgar las joyas del pensamiento de la India. Cada una de sus trabajos destilan erudición y enamoramiento a partes iguales, porque siempre se acercó con respeto y devoción a los textos y a las personas que los mantenían vivos.

Muchos años después Mary Oliver publicaría el volumen «A Thousand Mornings» (2012), donde también un río y una ciudad confluyen en ese tipo de memoria que compete al corazón. El poema se titula “Varanasi”:

BENARÉS

«A primera hora de la mañana bajamos la escalinata

Donde las fogatas aún palpitaban

Y contemplamos, con nuestras mentes occidentales, el Ganges.

Una mujer estaba sumergida en el río hasta la cintura,

Cogiendo agua con las manos y derramándola

Lentamente, una y otra vez, sobre su propio cuerpo

Como si persiguiera un instante

De íntima conexión entre la vida del río y la suya propia.

Después, sumergió en el agua un cántaro que llevaba consigo

Y cargó de vuelta con él escalinatas arriba,

Sin duda para rociarla sobre algún santuario cercano a su casa,

Porque esta es la sagrada ciudad de Shiva, el hacedor

del mundo, y este es su río.

No tengo más que decir, salvo que todo ocurrió

En silencio y con absoluta sencillez, y envuelto en algo  semejante

Al regalo de lo auténtico, a la dicha de un vida

Que trascurría con esa misma autenticidad.

Debo recordarlo, pensé, mientras volábamos de vuelta

A América.

Ruego a Dios que me ayude a recordarlo siempre.»

Mary Oliver, en la antología «Devotions» (2017)

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El corazón del Bhagavad Gita (II)

El diálogo entre Krishna y Arjuna se organiza en cuatro momentos distintos que conviene identificar para no perderse en el bosque de las maravillas que es la «Bhagavad Gita». Se trata un mapa que nos sirve para entender que el Canto no es en absoluto una larga tirada de setecientos monótonos versos, ni tampoco una lista de consejos como los que un padre o un maestro desgranan para un hijo o un discípulo. Porque cuando Krishna manifiesta su divinidad, la «Gita» alcanza el estatus de revelación mística y nos permite acceder a una visión extraordinaria.

La estampa del desánimo de Arjuna antes de la batalla ocupa solo el capítulo primero y algunos versos del segundo. Desde el segundo al sexto capítulo Krishna explica los tres senderos (el de la sabiduría o discernimiento, el de la acción desinteresada y el de la meditación) que han de llevarnos a la verdadera libertad si demostramos con perseverancia que ese es nuestro destino. Tres senderos que responden a tres disciplinas yóguicas: jñana yoga, karma yoga y dhyana yoga. A los que se sumará posteriormente el sendero de la devoción, bhakti yoga, tan inspirador y poderoso que envuelve con su aliento y da vida a todos los demás.

«Dijo Krishna: En el principio de los tiempos, Arjuna, el de mente pura, establecí para este mundo dos firmes senderos, el de la unión por el conocimiento de la verdad para la persona contemplativa y el de la unión por las obras para la persona activa» (III, 3) Y después: «La llama de una lámpara que se encuentra al abrigo del viento no sufre ninguna oscilación. Así es la mente controlada del yogui que está absorta en la contemplación del Ser […] Por la concentración constante de su mente el yogui que es puro llega con facilidad a la plenitud total de la unión con lo Absoluto» (VI, 19 y VI, 28).

La tercera parte del libro abarca desde el capítulo séptimo hasta el duodécimo. Aquí la divinidad se autodefine: «Soy el sabor del agua, soy el resplandor de la luna y el sol, soy la sílaba sagrada de los Vedas (Aum), el sonido del espacio y la humanidad en los seres humanos. Soy suave aroma en la tierra, fulgor en el fuego, vida en todos los seres y austeridad en los ascetas» (VII, 8-9). Luego Krishna define lo Absoluto y responde a las preguntas de Arjuna sobre la identidad individual, el sentido del sacrificio y la coexistencia de los planos físico y divino. Como si fuera una lámpara sagrada, finalmente Krishna le hace entrega del misterio de la verdad y dado de Arjuna reconoce efectivamente a Dios, este se le muestra en toda su plenitud. Es la apoteosis del Canto, el encuentro entre Dios y el ser humano. Los velos de la ignorancia y de la retórica vana se desploman, la flecha ha alcanzado la diana: «Si tú consideras, Señor, que es posible que yo te vea, muéstrame, Dios de los que están en el camino, tu propia esencia eterna» (XI, 5). Krishna accede, dotando al arquero de visión sobrenatural: «En ese momento, Arjuna contempló allí, en el cuerpo del Dios de dioses, la unidad del universo con su inmensa diversidad. Y sobrecogido por el asombro, con el cabello erizado, Arjuna inclinó su cabeza ante Dios y juntando sus manos le habló así: En tu cuerpo, Dios mío, contemplo todos los dioses y las infinitas variedades de seres, Brahmâ, el Creador que todo lo dirige sentado en un trono de loto, y a los sabios y serpientes celestiales» (XI, 13-15).

Seguramente no les falta razón a quienes afirman que un texto tan antiguo como la «Bhagavad Gita» fue acogiendo con el paso de los siglos información de distintas fuentes; otra vez igual que un bosque variopinto en el que conviven especies de varios continentes, respirando al mismo tiempo, experimentando juntas el curso de las estaciones, celebrando al unísono el regalo de la lluvia.

Por eso, la cuarta y última parte del Canto deja atrás la escena mística que acabamos de relatar y da paso a una clasificación casi aristotélica de cualidades que nos permite volver a aterrizar en el mundo tangible de los sentidos terrenales. Es un cambio temático que enlaza bien con el carácter didáctico del texto, en el que Krishna alecciona a su discípulo.

Tres son las cualidades que sobrevuelan el mundo natural y de las que todo participa en distinta medida y concentración, atándonos —eso sí— por distintos medios a los objetos y experiencias. Son las «gunas», armonía, pasión e inercia: «Sattva (la armonía), que es pura, ilumina y equilibra. Y ata por el apego a la felicidad y al conocimiento. Sabe, hijo de Kunti, que rajas, cuya naturaleza es la pasión, nace del deseo y del apego. Y esto ata el Ser encarnado por aferrarse a la acción. Y sabe que la inercia de tamas nace de la ignorancia y lleva a la confusión y ata a los seres encarnados por medio de la incomprensión, la pereza y el sueño» (XIV, 6-8).
Queda claro que sattva ocupa un alto escalón, pero no el supremo. No es fácil de discernir, más cuando leemos: «Si un ser encarnado muere mientras la armonía de sattva prevalece, llega a las regiones puras de los que conocen lo más elevado» (XIV, 14). La clave una vez más vuelve a estar en el desapego, es decir, en la entrega y en la conexión con el ser. Consuelo Martín lo aclara en su versión comentada de la «Gita»: «Las regiones puras o reinos de Brahmâ son realidades relativas creadas por estados elevados de conciencia. Algunas veces se confunden estas indicaciones con las que apuntan al Absoluto no dual, no fenoménico, que se descubre no mediante el incremento de la armonía vibratoria, sino por el despertar de la conciencia en sí» (p. 244). Una vez más el trabajo yóguico vuelve a estar marcado por la búsqueda incansable de la precisión de lo sutil. Un trabajo nada fácil.
«Arjuna dijo: ¿Por qué signos, Señor, se puede conocer al que ha trascendido las tres cualidades (gunas)? […] Y Krishna dijo: Hijo de Pându, aquel que no rechaza el conocimiento iluminado, la actividad y la confusión cuando aparecen y tampoco los desea cuando desaparecen […] de él se puede decir que ha trascendido las cualidades» (XIV, 21-25).

No obstante, el Canto recomienda en sus capítulos finales una actitud sátvica en campos tan dispares como la fe, la alimentación, la austeridad y los regalos: «Los alimentos que vitalizan, que producen equilibrio en la mente, energía, salud y bienestar son los favoritos de las personas con la cualidad armónica de sattva» (XVII, 8). Lo mismo ocurre con la “triple austeridad” física, verbal y mental: «Se llama austeridad de la palabra al hablar que no daña, al que es verdadero, agradable y bueno, así como a la práctica del estudio de las escrituras. Serenidad en la mente, delicadeza, silencio, adentramiento y pureza del corazón, esa es la austeridad mental […] propia de la armonía y pureza de sattva» (XVII, 15-17).

El último capítulo concentra en la renuncia y en la devoción la fórmula para la liberación. La primera es la entrega desinteresada que purifica al ser humano y sus acciones. La segunda posibilita la unión con la divinidad: «Esa persona que ha dejado el egoísmo, la violencia, el orgullo, el deseo pasional, la cólera, el afán de posesiones superfluas y está libre del sentido de “lo mío”, vive en serenidad y es capaz de ser uno con lo Absoluto, con Brahman. […] Y al amar por igual a todos los seres, tiene la más elevada devoción hacia mí. Por esta devoción me conoce en mi verdadera esencia. Y al conocerme de verdad penetra de inmediato en mí.» (XVIII, 53-55). Es bhakti yoga, el yoga de la devoción que se anunció páginas atrás y que da sentido a todos los actos; corresponde a las criaturas que hacen uso de su libertad para orientar la mirada al cielo y seguir el camino del espíritu. Añade Krishna: «Te he revelado la sabiduría, el más secreto de los misterios. Medita sobre ello en su totalidad y luego actúa como quieras» (XVIII, 63). Que se haga al ser humano depositario de su propia ética es una de las virtudes más valiosas del Canto y abre las puertas para alcanzar, al final del viaje, el preciado corazón del «Bhagavad Gita» en nuestra próxima entrega.

¡Feliz lectura!

El corazón del Bhagavad Gita (I)

Igual que un bosque bañado por el sol parece diferente según la hora del día, la «Bhagavad Gita» es un antiguo canto que no se agota aunque lo visitemos una y otra vez. No son más que setecientos versos repartidos en dieciocho capítulos pero ha acompañado a la humanidad desde que fue escrito —seguramente en el siglo IV a.C.— porque contiene ideas universales que no han caducado con el paso del tiempo.

Arjuna, tercer hijo del difunto rey Pandu, se prepara para la batalla en defensa de su derecho y el de sus hermanos a heredar el reino de su padre. Sin embargo, cuando es consciente de que para ello ha de matar no solo a sus primos, sino también a numerosos parientes y amigos, se siente desorientado y declina hacer uso de la violencia: «Aunque ellos estén dominados por la codicia y así no les parezca mal destruir a los familiares y estar en contra de los amigos, ¿por qué nosotros, viendo claramente el mal que hay en esa destrucción, no desistimos de cometer ese crimen?» (I, 38-39).

Como si fuera un bosque, la «Gita» ofrece amenos remansos y zonas más o menos escarpadas, lugares donde detenerse, claros y sombras, donde cada cual puede encontrar su espacio preferido y sentarse bajo la protección de su propio árbol emblemático. Pero como todas las cosas valiosas requiere tiempo, atención y paciencia. Así se mostrará en todo su esplendor y descubriremos en él todo lo que ofrece: un texto metafísico de hondura sagrada para los hindúes, un manual de ética universal, una historia alegórica y también un espejo en el que mirarnos. Porque Arjuna no es el imperturbable héroe de una tragedia, sino una persona de carne y hueso como nosotros, agobiado por la incertidumbre igual que nosotros ante cualquier decisión trascendente.

Bastan dos o tres versos para entender su sufrimiento al comienzo de la narración: «Arjuna soltó su arco y sus flechas en el mismo campo de batalla, y se sentó en el carro con el corazón abrumado por la angustia» (I, 47). El joven príncipe se debate entre la piedad y el deber, y en el fondo no serviría de mucho que en el bando enemigo no hubiera parientes directos porque un corazón compasivo extiende su afecto más allá de los lazos de sangre.

Por suerte Arjuna no está solo. El auriga que guía su carro es Krishna, encarnación de la divinidad, que a partir de aquí iluminará con su sabiduría y amor al joven cuyo espíritu se ha ensombrecido de repente.

En primer lugar, explica que no se puede matar lo inmutable (el Ser es eterno, omnipresente, inmanente y único), que no debe preocuparse por lo pasajero y que los sabios se mantienen ecuánimes sin afligirse. Pero más allá de estas ideas que competen al entendimiento, Krishna desvela una de las joyas que brillan para nosotros con fulgor propio en el «Bhagavad Gita»: la felicidad acompaña siempre a quienes son capaces de actuar desvinculados del fruto de sus obras. Es el karma yoga.

En otras palabras, nuestros actos conducen a la libertad si nacen de una fuente pura y si están alineados con el Ser en vez de estar orientados hacia la recompensa. El corazón humilde entiende esto con facilidad porque trasciende su interés personal y navega feliz en la corriente de un plan mucho mayor, como las aves que vuelan en grupo empujadas por cálidas corrientes de aire. El vuelo requiere equilibrio y estabilidad, y esas son precisamente las dos cualidades que alaba el Canto: «Se dice que está establecida en la sabiduría aquella persona que ha renunciado a todos los deseos de su corazón y permanece feliz en su Ser y por su Ser» (II, 55). Y más adelante: «En aquel que está pendiente de los objetos sensoriales aparece el apego. Del apego nace el deseo y del deseo la ira. […] Pero el ser humano dueño de sí mismo, que se mueve entre los objetos de percepción libre de atracción y rechazo, alcanza la serenidad» (II, 62-64).

Las enseñanzas del «Bhagavad Gita» discurren por un hermoso paisaje donde no falta la poesía que ilustra con imágenes cómo podemos guiarnos en el camino: «Porque la mente que sigue pendiente de los sentidos errantes arrastra su sabiduría como un fuerte viento arrastra una barca sobre las aguas» (II, 67).

¡Continuaremos el viaje!

Las metáforas del yoga

La infinita riqueza de la práctica del yoga no reside solo en la numerosa cantidad de asanas y en los beneficios que se desprenden de cada una de ellas, sino también en el poder simbólico que representa su ejecución consciente. Igual que una metáfora cada asana es una realidad que tiene la capacidad de apuntar a otra realidad distinta a ella.

Los niños y los místicos de todas las épocas se han servido de la semejanza. Los primeros, para asimilar el mundo y prepararse poco a poco para una vida independiente. Los segundos, para describir el momento inefable de su unión con Dios. De la misma manera, tu práctica de yoga acerca tu comprensión a un territorio inexplorado. La inteligencia que emerge pacientemente del cuerpo abre los ojos de tu entendimiento y hace posible que te conozcas en profundidad para superar las viejas ataduras.

Así lo explica Kino MacGregor: «Las posturas de yoga te ofrecen la oportunidad de acceder al espíritu a través de lo físico. Este proceso de despertar interior permite que los practicantes comprometidos atraviesen las diversas capas de su ser. Cada postura física representa una oportunidad para curar el cuerpo y entrenar la mente; a través de la práctica, los yoguis desarrollan una forma más armoniosa de vivir, actuar y ser.»

Cuando ejecutas por ejemplo vrksasana, la postura del árbol, extiendes tu percepción más allá de los límites a que te tiene acostumbrado tu anatomía humana. La necesidad de elevarte sobre una base cimentada y firme hace que tu único pie sobre el suelo busque la profundidad de la tierra, fundiéndose con nuestra madre primordial exactamente igual que las raíces de un árbol. Mientras que tu torso, tus brazos y manos, y hasta tu mirada se disparan hacia el cielo sin límites de donde proviene el alimento solar. ¿Qué eres entonces sino la bendecida unión entre ambos elementos origen de la vida?

Y en ardha baddha paschimottanasana, la flexión hacia delante en medio loto atado, donde se da al mismo tiempo apertura de caderas, compresión de los órganos abdominales, elongación de la columna vertebral y estiramiento de los tendones de las corvas y de los hombros, ¿no es cierto que estás superando el obstáculo de tu propio talón y tu pie para alcanzar con tu pecho la mayor extensión y avanzar hacia delante con la mirada? ¿Y no contiene ese asana una impagable lección sobre tu maravillosa capacidad para superar las trabas y crecer con perseverancia hacia el objetivo que a tu sagrado ser le corresponde?

En todas y cada una de las posturas de yoga hay un silencioso viaje hacia el entendimiento que se dibuja en forma de árbol, en forma de barco, en forma de puente o de rueda. Son todo metáforas que amplían nuestro tu campo de autoconocimiento, que apuntan como flechas doradas hacia el umbral de la iluminación, que no es otra cosa que un espacio donde la paz y la dicha encuentran un asiento duradero.

¡Buena práctica!

Yogui en ruta

En verano, ya sea entre montañas, al borde del mar o en una pequeña habitación de un hotel urbano, nuestra práctica nos acompaña. Igual que la ropa, los libros y los objetos del neceser que elegimos cuidadosamente y guardamos en la maleta, tan cerca del corazón como nuestro más querido amuleto, tan íntima como nuestra historia personal y nuestros afectos, la práctica siempre nos acompaña.

Cuando nos iniciamos en el camino del yoga optamos por un compromiso personal que nunca nos abandona. ¡Cuántas veces has esbozado una sonrisa mirando tu esterilla enrollada sobre el equipaje mientras esperabas el autobús en una estación solitaria! ¡Y sobre todo cuántas veces has sentido que lo mejor que te ha enseñado todo un año de práctica es la disponibilidad y la confianza con la que te acercas a las personas en cualquier parte del mundo!

Decía el maestro Iyengar que el yoga proporciona firmeza de cuerpo, claridad de inteligencia y limpieza de corazón. Seguramente esa es la fórmula de la fortaleza interior y de la verdadera libertad. ¡Imagínate qué valiosas compañeras de viaje!

Cuando extiendes tu esterilla en un lugar donde no habías estado antes y repites durante varios días el mismo rito, acabas por transformar ese espacio en algo que no era antes de tu llegada. Del mismo modo, tu presencia, iluminada y fortalecida desde dentro gracias a la práctica, puede cambiar a las personas y los lugares que frecuentas. No son grandes cambios evidentemente, sino atisbos de una realidad diferente, de un modo distinto de hacer, donde la sinceridad y la empatía son más importantes que el ego.

El yoga es como una flor de numerosos pétalos. La práctica de asana, en toda su riqueza y expansión, es uno de ellos. Cuando viajamos la práctica nos acompaña y su energía fluye desde allí para dar vida a toda la flor. Que se manifiesta en pensamientos ecuánimes, palabras adecuadas y acciones justas.

Durante todo el año la perseverancia ha estado a tu lado. De igual modo lo está ahora, cualquiera que sea el lugar donde extiendes tu esterilla o brindas tu sonrisa. Una sonrisa cargada de la fortaleza que fluye desde el interior.

¡Feliz práctica!

 

Guru Purnima

Coincidiendo con la luna llena de julio muchas ciudades de la India celebraron anteayer el festival de Guru Purnima. Ese día se honra la figura del maestro tanto en la tradición hindú como en la budista.

La leyenda cuenta que cuando el primer maestro apareció sobre la tierra muchos curiosos acudieron a su presencia, pero como este guardó silencio y no les hizo ningún caso todo el mundo regresó a su hogar. Solo siete personas de la multitud se quedaron a su alrededor deseosos de experimentar la misma felicidad que se reflejaba en el rostro del maestro.

Aunque los siete le suplicaron sus enseñanzas, el maestro iluminado los rechazó limitándose a darles un paso preparatorio, seguramente para que le dejaran en paz. Después volvió a cerrar los ojos.

Lejos de darse por vencidos los jóvenes practicaron con perseverancia durante semanas, meses y años la sencilla preparación que les había dado el maestro. Cuando este volvió a abrir los ojos, mucho tiempo después, los siete se habían convertido en «receptáculos brillantes, maravillosamente receptivos».

El maestro se dio cuenta de que no podía ignorarlos más, se sentó como un gurú para los siete y les transmitió durante años su saber. Ellos se hicieron sabios y pasaron la vida divulgando sus conocimientos por todo el mundo.

Es una hermosa historia de la que también nosotros podemos extraer ideas interesantes sobre la confianza, sobre la custodia del mundo interior y sobre la transformación de quienes perseveran en sus intenciones.

¡De hecho, el maestro no cedió por la fuerza de los argumentos sino por la emoción que sintió al contemplar a los siete jóvenes convertidos en «receptáculos brillantes», en seres puros capaces de albergar y mantener viva la llama sagrada de la compasión y del conocimiento!

Cuando alguna vez nos acercamos, aunque sea brevemente, a ese estado de atención y de pureza, ¿no es verdad que todo a nuestro alrededor son enseñanzas? ¿Algo así como si los mensajes de un maestro invisible fluyeran desde todas direcciones? ¿No es acaso la inocencia la que permite que los niños aprendan tanto y tan rápido?

En el mundo de hoy, como seguramente ha ocurrido siempre, aprendemos gracias a dos fuerzas complementarias: el discernimiento y la pureza. Ambas van de la mano. Con el primero apartamos lo que nos distrae del camino del corazón mientras que con la segunda nos abrimos a recibir la luz que aquel primer maestro plantó como una semilla en nuestros semejantes, en la naturaleza y en las acciones nobles que contemplamos cada día.

¡Feliz Guru Purnima!

Volvemos en septiembre

El jueves 29 de junio terminaremos nuestro ciclo de clases de yoga y cerraremos el centro durante todo el verano.

Ha sido un placer estudiar con vosotros este año. Agradezco mucho vuestra generosidad y receptividad en abrir vuestros corazones y mentes para contemplar las enseñanzas de yoga conmigo e integrarlas en vuestras vidas. También ha sido especialmente maravilloso para mi, observar los antiguos alumnos empezando su formación para ser profes de yoga. Os animo a confiar en lo que habéis descubierto, y sobre todo en vuestra capacidad de sentir y guiar vuestra propia práctica.

Seguimos creciendo y aprendiendo juntos, abriéndonos a experimentar la luz y la sabiduría de yoga. Espero que el verano os traiga mucha paz, descanso y relajación.

¡Nos vemos en septiembre!

(Español) Doña María Apaza

Durante el mes de junio tenemos el gran placer y privilegio de recibir Doña María Apaza y su hijo en España. Estarán con nosotros en Satya durante 2 días, ofreciendo su luz, sus enseñanzas y su sabiduría. Tenemos citas privadas para las personas que quieran hacer un trabajo personal con ellos, y también un despacho en grupo el martes 6 de junio.

No dudéis en contactar conmigo para recibir más información sobre el trabajo que hacen y para reservar tu plaza.

+ 654 654 883
tara@satya-centro.com

Summer Retreats

Super excited to be offering two special yoga retreats this summer.

 

Both retreats will be taught in English with Spanish translation if necessary.  Our first retreat takes place in the gorgeous setting on Portugal.  Tucked away in our own private valley we will embark upon a week of yoga study and practice, exploring the 4 paths of yoga: karma, raja, jnana and bhakti.  With a private river on the land we will have time to connect with nature, bath and bask in the sun, sit under the stars and return to ourselves.  We will cleanse, reset and restore, immersed in nature and connected with the inner silence of our hearts.

 

Our second retreat takes place in the stunning countryside of southern France.  Just outside of the medieval village Uzes, we will enjoy a week of yoga and meditation, study of essential oils and natural plant remedies.  Our hosts Ella and Ed have crafted and created a beautiful little piece of paradise in the middle of vineyards and sunflower fields.  Local walks will take us to sunsets and hidden lagoons.  We will have on-site massage treatments available plus specialist knowledge on medicinal plants.

 

Both retreats cost 620€ with everything included apart from flights/transport costs.
Please email for more info.