Yogui en ruta

En verano, ya sea entre montañas, al borde del mar o en una pequeña habitación de un hotel urbano, nuestra práctica nos acompaña. Igual que la ropa, los libros y los objetos del neceser que elegimos cuidadosamente y guardamos en la maleta, tan cerca del corazón como nuestro más querido amuleto, tan íntima como nuestra historia personal y nuestros afectos, la práctica siempre nos acompaña.

Cuando nos iniciamos en el camino del yoga optamos por un compromiso personal que nunca nos abandona. ¡Cuántas veces has esbozado una sonrisa mirando tu esterilla enrollada sobre el equipaje mientras esperabas el autobús en una estación solitaria! ¡Y sobre todo cuántas veces has sentido que lo mejor que te ha enseñado todo un año de práctica es la disponibilidad y la confianza con la que te acercas a las personas en cualquier parte del mundo!

Decía el maestro Iyengar que el yoga proporciona firmeza de cuerpo, claridad de inteligencia y limpieza de corazón. Seguramente esa es la fórmula de la fortaleza interior y de la verdadera libertad. ¡Imagínate qué valiosas compañeras de viaje!

Cuando extiendes tu esterilla en un lugar donde no habías estado antes y repites durante varios días el mismo rito, acabas por transformar ese espacio en algo que no era antes de tu llegada. Del mismo modo, tu presencia, iluminada y fortalecida desde dentro gracias a la práctica, puede cambiar a las personas y los lugares que frecuentas. No son grandes cambios evidentemente, sino atisbos de una realidad diferente, de un modo distinto de hacer, donde la sinceridad y la empatía son más importantes que el ego.

El yoga es como una flor de numerosos pétalos. La práctica de asana, en toda su riqueza y expansión, es uno de ellos. Cuando viajamos la práctica nos acompaña y su energía fluye desde allí para dar vida a toda la flor. Que se manifiesta en pensamientos ecuánimes, palabras adecuadas y acciones justas.

Durante todo el año la perseverancia ha estado a tu lado. De igual modo lo está ahora, cualquiera que sea el lugar donde extiendes tu esterilla o brindas tu sonrisa. Una sonrisa cargada de la fortaleza que fluye desde el interior.

¡Feliz práctica!